Bolivia y los eufemismos al granel: desnudando la jerga golpista.

“La Presidenta Constitucional de Bolivia, Jeanine Áñez, gobierna con total normalidad pero el fantasma de Evo es el que impide el diálogo” titulares como éste se leen por estos días en la prensa mainstream de América Latina. La disociación de su relato con la realidad no es mera frivolidad, responde a intereses reñidos con la democracia que tanto dicen defender y en nombre de la cual se están reescribiendo páginas de sangre que muchos pensábamos no podrían volver a repetirse.

Hemos identificado algunos de los eufemismos empleados por estos días por opinólogos, influencers y polítiqueros para describir lo que ocurre en el hermano país porque además, hay que decirlo, hoy proliferan los “expertos en Bolivia”. Una auténtica tragicomedia que confirma el peligro que enfrentamos en esta sociedad de la desinformación promovida por los “miedos de comunicación”, sí, “miedos” en vez de “medios”. Miedos de comunicación que en lugar de informar enferman a sus audiencias, y cuya impunidad está garantizada con el conveniente escudo de la “libertad de prensa”. 

Empezamos:

¿Golpe de Estado en Bolivia? 

¡Cuál golpe! Si lo que allí se vive es una “transición democrática”. Un clásico.

Una “transición democrática” solo posible con la “democrática” salida militar para “garantizar el orden y controlar la subversión”. ¿Alguien se acuerda de la Constitución? ¿Qué dice la Carta Magna boliviana, en su artículo 169? 

¿Por qué la prensa “libre e independiente” no informa sobre la necesidad de un debate parlamentario para interrumpir el mandato en curso del Presidente de la República? Seguramente porque este es un detalle secundario, porque la verdadera primicia es el “retorno de la Biblia” a la sede de gobierno. ¡Eso sí que es una noticia que vale la pena resaltar!

“Esta Biblia es muy significativa para nosotros, nuestra fuerza es Dios, el poder es Dios”, proclamaba “la Guaidó boliviana” al usurpar el poder. ¡Amén!

Es que en realidad, el único gran problema que enfrenta Bolivia es la amenaza de países como Venezuela, Cuba e Irán -o el diabólico Grupo de Puebla- que muy seguramente están detrás de la insistencia del “indio Morales” para regresar a su país, de ahí que se hace imperativa la “intervención democrática” de la OEA y hasta del mismo EE.UU. -si fuera necesario- para “pacificar” la nación (no más sectarismos: prohibido hablar de plurinacionalidad) tras la derrota de la “dictadura populista” que tanto daño ha causado (Informe Cepal sobre economía boliviana 2018 https://repositorio.cepal.org/bitstream/handle/11362/44326/130/BPE2018_Bolivia_es.pdf

Que nadie dude, por favor, que el interés prioritario de la Casa Blanca no es el gas, ni el petróleo ni el litio, no sean mal pensados, sino la democracia y los DD.HH. que defiende alrededor del mundo, como en países amigos como Arabia Saudí.

Período de transición – interrupción de la institucionalidad:

Como era de esperarse el gobierno ecuatoriano no tardó en reaccionar sobre lo acontecimientos producidos en Bolivia, y al igual que Estados Unidos, Colombia, Brasil y Guatemala reconoció el régimen de facto presidido por Jeanine Áñez, destacando su labor para “restablecer el orden institucional tras las serias irregularidades que minaron la legitimidad de los comicios del 20 de octubre”. 

Agrega el comunicado de la Cancillería perruna: “El gobierno ecuatoriano le augura éxitos en sus funciones, en especial en su cometido de restablecer la paz en todo el territorio boliviano, en el marco de la Constitución y la leyes nacionales”

¿Restablecer la paz? ¿Recordamos que los asesinatos que se han reportado (28 hasta la fecha) empezaron con la autoproclamación de Áñez?

En línea con el gobierno de Mauricio Macri, que a través de un comunicado de la Cancillería Argentina se refirió al golpe con el eufemismo de “período de transición”. Clarín en su editorial de la sección «Del editor al lector» consideró que lo que acabó con la democracia en Bolivia fue el “fraude” de Evo Morales.

“Un presidente democrático forzando la ley para perpetuarse, un fraude que acaba con la propia democracia, una pueblada que asedia un gobierno que perdió legitimidad y los militares en el medio” fue la grandiosa conclusión a la que llegó el relato de Clarín.

Ni una reflexión crítica sobre la intervención de las Fuerzas Armadas, gobiernos extranjeros u organizaciones internacionales.

En el caso de la Unión Europea la declaración comunitaria no habla de un golpe de Estado, lo que se pide es una “solución institucional que permita a un liderazgo interino preparar nuevas elecciones y evitar un vacío de poder”

¿Qué tal?

Militares, “guardianes de la democracia”. 

Otro clásico: Blanquear la acción de los militares y las fuerzas del orden.

¿Es que nadie escuchó la rueda de prensa del alto mando militar donde muy amablemente el Comandante de las Fuerzas Armadas, Williams Kaliman, le “sugería” al presidente Evo Morales que renuncie a su cargo? Fue tan solo una “sugerencia”, una simple recomendación no vinculante… ¡Nadie lo obligó! Evo “renunció porque quiso”. 

No importa si la Constitución dispone de recursos legales para salvar situaciones como las ocurridas –como el debate legislativo- lo que importa es que se produjo un “vacío de poder” que había que llenar a como dé lugar y en ese cometido los “heroicos militares” bolivianos fueron una pieza clave para “recuperar la democracia”. Su mérito fue tan grande que hasta les concedieron el honor de imponer la banda presidencial a la presidenta autoproclamada, perdón, “Presidenta de transición” del Estado Plurinacional de Bolivia.

Como será de extraordinario el compromiso de los militares con la democracia que hasta el mismo Donald Trump congratuló públicamente al ejército boliviano por su “ejemplar proceder” y saludó la renuncia de Evo Morales como un “momento significativo para la democracia de la región” (entiéndase: patio trasero).

Agregó Trump: “Ahora estamos un paso más cerca de un hemisferio occidental completamente democrático, próspero y libre”. En pocas palabras, un hemisferio en paz, mucha paz: “La paz del coloniaje”, como decía el Viejo Luchador.

Sobre el rol de la OEA, las matrices de opinión propuestas van así:

“La OEA llama a la calma y pide que el mandato del presidente permanezca “ininterrumpido” hasta la celebración de nuevos comicios”, informaba Europa Press.

En este relato, Almagro por supuesto es el gran abanderado de la democracia latinoamericana y credenciales tiene, solo hace falta observar su denodada gestión ante la crisis venezolana, llegando inclusive a poner su cargo a disposición siempre y cuando la “dictadura chavista” entregue el poder. No importa cuantas intervenciones militares “sugiera” para “recomponer la democracia”, para la “comunidad internacional” (¿quién decide quién integra esta “comunidad”?) es Almagro el portaestandarte del respeto a las instituciones y de la soberanía popular. 

Apuntaba el uruguayo: “El Ejército debe actuar conforme a su mandato. Nadie ha excedido el poder hasta ahora”. ¿Cómo sino entender la renovada democracia boliviana sin la intervención del ejército? ¿Cuántos muertos más se necesitan para hablar de excesos?

Francamente nos cuesta mucho entender de dónde viene aquello del “Ministerio de las Colonias”… ¿Por qué será?

El “autoexilio” de Evo:

Evo no es un exiliado político, qué va, lo que es Evo es un “asilado político”, nada más que eso. Lo más “contradictorio” es que ni siquiera se fue a Venezuela o a Cuba, como era de esperarse, sino que fue a “esconderse” a México… No es que haya volado fuera del país para precautelar su vida, no, simplemente Evo “huyó” para pedir asilo. 

Los mismos que catalogaban de “vándalos” a los manifestantes en Ecuador y Chile son los que hablaron de un “estallido social” en Bolivia para derrotar la “dictadura de Evo”. Lo curioso es que los muertos que ha dejado el estallido contra el “Nicolás Maduro boliviano” son todos campesinos e indígenas, afines al MAS; suficiente motivo para hablar de “fallecidos” en lugar de asesinados.

Resumen: volar al exilio es “huida”; exilio político es simplemente “asilo” y los manifestantes asesinados son solo “fallecidos”.

 Miren qué sutiles…

Otras “perlas” de la jerga golpista:

Pueblos originarios que protestan = “Indios satánicos que no deberían vivir en la ciudad, sino irse al altiplano o El Chaco” (Esta lindeza es de autoría de la propia “presidenta” Áñez).

Gobierno de facto = Solución institucional (en nombre de la “institucionalización”, todo vale).

Violación a la soberanía = Intervención democrática.

Derecho (humano) a la reelección indefinida  = Perpetuación en el poder.

Irregularidades focalizadas = Fraude electoral.

Voto rural = Voto marginal.

Evo, el indio, vivía como un “jeque”.

Una de las “noticias” más comentadas por la prensa comercial fue el asalto a la habitación de Evo Morales en el edificio, perdón, en el “elefante blanco” que construyó para mudar la sede del gobierno (la Casa Grande del Pueblo). En realidad no fue un asalto, mucho menos una incursión ilegal, fue un “tour” organizado por la nueva ministra de Comunicación boliviana, Roxana Lizárraga, para “quitar el velo”.

Así mismo lo calificó Infobae en uno de sus “muy rigurosas” notas de prensa. Titularon el 15 de noviembre: “Las fotos de la suite de Evo Morales en La Casa del Pueblo: Parece una habitación de un jeque árabe”.

También fue noticia la visita de Evo a un restaurante mexicano que incluía en su menú comida elaborada, sí sí, comida “gourmet”. Una auténtica herejía para un indio cocalero.

Jerga de golpista y tiranos, nada nuevo bajo el sol.

Pero la jerga golpista y el lenguaje edulcorado que han empleado los tiranos a lo largo de la convulsionada historia latinoamericana ya es bastante conocida. En el año 1999, por ejemplo, el exdictador chileno Augusto Pinochet escribió una carta dirigida a los jóvenes desde Londres, donde estaba detenido.

El general utiliza enternecedores eufemismos para definirse a sí mismo y al sangriento golpe de Estado del 73, así como a las torturas, asesinatos y desapariciones de disidentes que siguieron. Resulta que él no fue un golpista ni un dictador, sino, tomen nota, “el actor que, a raíz del colapso de los consensos básicos, como el quiebre de la institucionalidad y los requerimientos mayoritarios de los principales sectores de nuestra sociedad, le correspondió encabezar la importante misión de asumir la conducción política del país”.

¿Les suena familiar?

Lo decía Eduardo Galeano: “Hace ciento treinta años, después de visitar el país de las maravillas, Alicia se metió en un espejo para descubrir el mundo al revés. Si Alicia renaciera en nuestros días, no necesitaría atravesar ningún espejo: le bastaría con asomarse a la ventana. Al fin del milenio, el mundo al revés está a la vista: es el mundo tal cual es, con la izquierda a la derecha, el ombligo en la espalda y la cabeza en los pies”

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