La ciudad moderna ecuatoriana y el feminismo: un desafío por diseñar espacios de cuidado.

“Las mujeres han desempeñado un papel social subalterno, porque culturalmente se les ha educado para el matrimonio y la maternidad o bien a lo largo de la historia, sólo que la historiografía las ha ignorado”

(Blázquez, 2002)

La ciudad moderna se construye bajo un sustento filosófico que tiene como fondo un patriarcado que sigue más vigente que nunca, en palabras del Sociólogo consagrado Pierre Bourdieu, podríamos decir que este patriarcado hoy se ejerce de manera sutil a través de una violencia simbólica, de la cual no todos somos conscientes de su presencia a partir del diseño de la ciudad. (Calderone, 2004). Parece un disparate pensar que el diseño de los espacios tanto a nivel público como privado tenga algo que ver con el patriarcado, con la subcondición que se le ha dado al papel de la mujer dentro de la ciudad. Incluso resulta un tanto absurdo pensar en una ciudad diseñada por y para hombres en el siglo XXI. Sin embargo, todas las afirmaciones anteriores son ciertas y afectan cada día a las mujeres.

Partimos de un estereotipo social que se ha formado con respecto a las mujeres en las distintas esferas de la vida, sobre todo en aquella que tiene que ver con el ejercicio de la crianza que ya de por sí es un rol especialmente marcado en el género femenino, aunque existen un montón de justificaciones para tan limitada idea, la principal es pensar que la madre debe encargarse del cuidado de sus hijos porque ella los alimenta principalmente, con esa idea se ha relegado toda o la mayoría de responsabilidad de la crianza a la mujeres. La característica general de la mujer, tiene que ver con el rol asignado de cuidado de los hijos y administración del hogar, sin embargo, en la actualidad la mujer se ha convertido en una especie de súper mujer multitareas que también debe asumir la producción de dinero para el hogar, insertándose en la vida laboral desde la Segunda Guerra Mundial, cuando vieron en ellas mano de obra barata que permita satisfacer las necesidades de la Guerra con una producción masiva de bienes y armas en EEUU.

El espacio público y privado aparece como escenario no destinado a las necesidades de los infantes entre 0 y 3 años y como advertimos al ser la crianza un rol destinado a las mujeres, los espacios se muestran como amenazas para ejercer de manera respetuosa la crianza. Precisamente la Epistemología feminista busca evidenciar esos aspectos excluyentes que parecen neutrales, pero que esconden un sustento ideológico bien reforzado. Cuando hablamos de una perspectiva feminista para analizar la realidad, hablamos de un objeto de estudio que tiene que ver con las mujeres, los hombres y la importancia del género en cualquier estudio de investigación. El enfoque feminista es capaz de reconocer a las mujeres como actores sociales (Blázquez et all, 2002).

Pero; ¿Qué es capaz de transformar partir de un enfoque feminista para comprender la realidad?, el feminismo nos permite aproximarnos a los sujetos sociales más vulnerables y menos visibilizados como lo son: ancianos, mujeres, niños y personas con discapacidades, “el punto de vista feminista nos lleva a desarrollar el proceso de investigación de manera diferente” (Blázquez et all, 2002). Generalmente las investigaciones sobre todo en la planificación urbanística descuidan a la mujer como actor social que visita la ciudad. “A partir de los que se ha visto y estudiado durante décadas, hoy se pueden emitir juicios que hacen tambalear muchos cimientos de pensamiento androcéntrico” Blázquez et all, 2002).

Dar un lugar en el diseño de la ciudad ecuatoriana a las mujeres, es plantear nuevos modos de comprender y de diseñar la ciudad adaptada a las necesidades no sólo de las mujeres sino de otros grupos también vulnerados como lo son los infantes de 0 a 3 años que en casi toda la ciudades de Ecuador no cuentan si quiera con cambiadores de pañales para precautelar su higiene y evitar posibles enfermedades. Para replantear las ciudades como incluyentes, se requiere de un cambio epistemológico profundo, donde se permita a las mujeres generar criterios para la planificación urbana, conocer dónde están las mujeres y cuáles son sus necesidades nos lleva a una transformación absoluta de la ciudad ecuatoriana.

Lo que ha venido presentándose a la hora de diseñar ciudades menos excluyentes es una tendencia a justificar epistemológicamente creencias absurdas que limitan la real política donde participan todos aquellos actores que conforman la ciudad. Por tanto si buscamos rediseñar las ciudades ecuatorianas para ajustarlas a una crianza responsable que permita el cuidado integral de los infantes, empezando por dotar de espacios accesorios (cambiadores de pañales, lactarias, zona de gateo, etc.) se debe plantear seriamente tener un enfoque transversal de propuestas feministas que respalden esta visibilización de los otros, de aquellos que han sido negados por un sistema patriarcal caduco, pero que tiene sus raíces bastante profundas aún en nuestras sociedades latinoamericanas. “El género permite construir un vector de análisis de los espacios urbanos a partir de la deconstrucción de los roles de género, la sensibilidad de lo cotidiano u la polivalencia del espacio” (Pérez Rincón, 2014).

Hablar de planificación y enfoque de género no es nada nuevo, ya a partir de los años 80´s se vienen levantando estudios que permiten reconocer las limitaciones de las teorías tradicionales a la hora de estudiar diversos fenómenos sociales. La planificación se ha venido desarrollando a través de profesionales hombres que han decidido sobre aspectos urbanísticos, descuidando a varios grupos invisibilizados. “las mujeres ayudan a refundar laos principios ideológicos y éticos en la planificación” (Pérez Rincón, 2014).

Por último cabe señalar que hay una organización sexuada presente en el espacio que construye desde su visión roles específicos para cada género. Por ejemplo es común notar en el mejor de los casos de que existan en ciertos lugares, que los cambiadores de pañales son colocados únicamente en los baños de mujeres, esto parece sutil, pero es un condicionamiento que confina a las mujeres a dedicarse al 100% a los cuidados de los hijos e hijas, colocar ciertos dispositivos de cuidado en unos baños y en otros no, marca una disputa de géneros, el espacio aparece como un generador de desigualdades de género. Siempre un modelo de planificación llevará por debajo una marcada ideología, “la mirada y las necesidades diferenciadas de las mujeres han sido excluidas de los modelos urbanos” (Pérez Rincón, 2014).

El espacio de las ciudades modernas ecuatorianas aparece con un diseño mono funcional que terminan estereotipando los roles de género, “un orden urbano privilegiando el desarrollo público masculino (…) la planificación urbana ha confinado a las mujeres a espacios domésticos y de consumo marcando una frontera de género y clase entre lo público y privado” (Pérez Rincón, 2014). No hay neutralidad ideológica a la hora de diseñar ciudades, quizás somos inconscientes a esto, pero eso no quiere decir que no exista en la realidad. Las mujeres buscan una ciudad amigable con el cuidado de sus hijos que permita sin duda tratarlos íntegramente. No se puede salir de casa a cambiar pañales en una silla o en la tasa de un inodoro por no incomodar a los hombres planificadores de la discriminación de género. Hoy más que nunca se requiere un proceso de planificación basado en una perspectiva social que permita enfocarse en las necesidades de los distintos tipos de actores que habitan en la ciudad ecuatoriana.

El patriarcado ha borrado del mapa a las mujeres a la hora de tomar decisiones en el ámbito público, además se han construido códigos morales de lo que está y no permitido dentro del espacio-habitado. Estos aspectos mencionados han hecho que habitemos ciudades ecuatorianas masculinizadas que durante años han sido aceptadas por las personas, sin reflexión alguna.

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